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RAYGO
Ray con el arnés antitirones en lugar de collar. Portada del artículo sobre collares de castigo

Collares de ahogo, de púas y eléctricos: qué dice la evidencia

Yo compré un collar de ahogo. De esos de eslabones que se cierran cuando el perro tira. Ray, mi labrador negro, pesaba ya sus 35 kilos y me llevaba a rastras por la acera, y alguien me dijo que «con esto lo arreglas en dos paseos».

No lo arreglé. Y tardé en enterarme de que casi todo lo que yo creía (lo del alfa, lo de marcar quién manda) llevaba años desmontado. Esto no es un sermón: yo estuve ahí. Es lo que encontré al leer las fuentes en vez de los foros.

¿Son legales los collares de ahogo, de púas y eléctricos en España?

En España esto ya no es cuestión de opiniones. La Ley 7/2023, de protección de los derechos y el bienestar de los animales, en vigor desde el 29 de septiembre de 2023, dice literalmente en su artículo 27, apartado ñ):

«Se prohíbe el uso de cualquier herramienta de manejo que pueda causar lesiones al animal, en particular collares eléctricos, de impulsos, de castigo o de ahogo».

Su artículo 24.2.b) obliga además a «educar y manejar al animal con métodos que no provoquen sufrimiento o maltrato al animal, ni le causen estados de ansiedad o miedo».

Precisión honesta: el texto no usa la palabra «púas» (se entiende que quedan cubiertas por «de castigo», pero eso es interpretación) y no menciona el tirón de correa.

¿Qué dicen los veterinarios sobre los collares de castigo?

El consenso es rotundo. Según la AVSAB (2021), la sociedad estadounidense de veterinarios especializados en comportamiento animal, «no hay evidencia de que los métodos aversivos sean más eficaces que los basados en recompensa en ningún contexto». Su documento nombra las técnicas a evitar: cadenas de ahogo, collares de púas, collares eléctricos, gritos, mirada fija, «alpha rolls»… y el tirón de correa. En 2025 su junta directiva lo reafirmó: los métodos aversivos, incluidas las correcciones de correa, no deben usarse «bajo ninguna circunstancia».

No es solo cosa americana: en junio de 2024, la Federación de Veterinarios de Europa y la WSAVA aprobaron un documento conjunto que reclama prohibir los collares eléctricos. Y en España, el GEMCA de AVEPA publicó en 2023 sus «10 razones para no utilizar ni recomendar collares eléctricos».

¿Hay que ser el «macho alfa» para que tu perro te haga caso?

Esta parte me escoció: me la creí entera. El «lobo alfa» lo popularizó el biólogo L. David Mech en un libro suyo publicado en 1970, que estuvo en imprenta hasta 2022. Y fue él quien lo desmontó. En Canadian Journal of Zoology (1999) escribió que el concepto del lobo alfa como jefe que manda sobre un grupo de iguales es «particularmente engañoso»: una manada natural es una familia, no un grupo de rivales disputándose el mando, y los supuestos alfas son sencillamente los padres. En trece veranos observando una manada salvaje en la isla de Ellesmere no vio un solo combate de dominancia.

Y el perro no es un lobo. La AVSAB, en su posicionamiento sobre dominancia de 2008, recuerda que la mayoría de las conductas molestas de nuestros perros no van de recursos ni de jerarquías: van de que las hemos premiado sin darnos cuenta.

¿Funciona mejor el castigo que los premios?

Mucha gente admite que no es agradable, pero cree que funciona. Los ensayos dicen otra cosa. Cooper y col. (PLOS ONE, 2014) repartieron 63 perros derivados por mala llamada en tres grupos: collar eléctrico con adiestradores avalados por la industria del collar, esos mismos adiestradores sin collar, y adiestradores de refuerzo positivo. El 92 % de los dueños dijo ver mejoras… en los tres grupos por igual. China, Mills y Cooper (2020) midieron después la obediencia a la primera señal: al «ven», 82,5 % con refuerzo positivo frente al 71,0 % con collar eléctrico, y concluyen que sus datos «refutan la idea de que entrenar con collar eléctrico sea más eficiente, incluso en manos de adiestradores experimentados».

¿Qué le pasa al perro al que se entrena con castigo?

El estudio que más me convenció es el de Vieira de Castro y col. (PLOS ONE, 2020): 92 perros de compañía corrientes de siete escuelas caninas de Portugal, no perros de policía ni casos derivados por agresividad. Los de las escuelas con métodos aversivos mostraron más conductas de estrés en clase, más cortisol en saliva al terminar y, en una prueba de sesgo cognitivo, se comportaron de forma más «pesimista». El bienestar, concluyen, se ve comprometido «tanto dentro como fuera del contexto de entrenamiento».

El detalle que me cambió el chip: el grupo mixto (premios y castigos, que es lo que hace casi todo el mundo, yo incluido) también mostró más tensión que el de solo recompensa. Un poco de castigo no sale gratis.

¿Un collar de púas frena el tirón mejor que un arnés?

Johnson y Wynne (PeerJ, 2024) lo midieron: 23 perros de refugio paseados cinco minutos con cada uno de cuatro equipos (collar martingale, arnés de enganche frontal, collar de púas de polímero y collar de púas metálico) con una galga en la correa registrando el impulso del tirón. Hubo diferencias, pero solo entre el martingale y los otros tres. Entre el arnés y los dos collares de púas no hubo diferencia significativa. Los autores piden prudencia: tampoco hallaron diferencias claras de estrés entre equipos, y avisan de no generalizarlo. El argumento sólido contra el collar de púas no es «estresa más», es «no funciona mejor».

¿Le está dañando el cuello? Aquí es donde internet exagera

Y donde exageré yo. La evidencia sobre miedo, estrés y vínculo es sólida; la de daño físico en el cuello es mucho más fina de lo que se dice por ahí. Lo que sí se sostiene:

  • Pauli y col. (JAAHA, 2006) midieron la presión intraocular en 51 ojos de 26 perros: sube significativamente con collar y no con arnés. Midieron presión, no daño: su recomendación apunta a perros con glaucoma, córneas finas o lesiones oculares.
  • Carter y col. (Veterinary Record, 2020) midieron sobre un modelo de cuello la presión que transmiten siete collares y una correa de ahogo: entre 83 y 832 kPa, cuando la que provoca daño y muerte del tejido en humanos está en 4,3 kPa. Ninguno (tampoco los anchos ni los acolchados) baja lo suficiente para descartar el riesgo de lesión cuando el perro tira. Limitación que ellos declaran: es un cilindro de plástico, no un cuello vivo.

Lo que no voy a escribir, porque al tirar del hilo no aguanta: que los collares destrozan la tráquea, la laringe o el tiroides. Circula muchísimo, pero al final del hilo hay un artículo de opinión, no un estudio de lesiones. El propio Ziv, en su revisión de 17 estudios (2017), pedía que se publicaran casos de daño físico precisamente porque faltaban.

¿Qué hago si mi perro lleva años tirando?

Primero, quitarte la culpa: si te lo vendieron como me lo vendieron a mí, estabas mal informado, no eras mal dueño.

Segundo, separar dos cosas que siempre se mezclan. El material no entrena a nadie: gestiona el paseo mientras entrenas.

Tercero, el material. Yo monté RAYGO para vender el arnés antitirones que acabé usando con Ray, y el argumento que me convenció no es «el arnés es mágico» (no lo es), sino este: el collar de púas no rinde más, y sí lleva toda la carga al cuello.

¿Cuándo hay que dejar de leer en internet e ir a un profesional?

Yo no soy adiestrador ni veterinario: soy alguien con un labrador de 35 kilos que se leyó los papers. Hay situaciones en las que un artículo no sirve:

  • Si tu perro ha gruñido, ha marcado o ha mordido a alguien, o reacciona con agresividad hacia otros perros.
  • Si la agresividad ha aparecido de golpe en un perro adulto que nunca la había mostrado: según Camps, Amat y Manteca (2019), eso es un caso médico hasta que se demuestre lo contrario.
  • Si ha llevado collar eléctrico, de púas o de ahogo y ahora se aparta de ti, se bloquea o muestra miedo.
  • Si el que se está lesionando en los paseos eres tú.

Ahí toca un veterinario y, si hace falta, un profesional del comportamiento que trabaje solo con refuerzo positivo: es lo que recomiendan la AVSAB y el GEMCA de AVEPA. Y no te sientas idiota por preguntar: yo me compré el collar de eslabones, que fue una idiotez, y aun así Ray me sigue esperando en la puerta.

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